David Acosta | CEO de INNN

Es razonable pensar que la historia del progreso tecnológico y económico sea esencialmente lineal. Discontinua, asimétrica y, en ocasiones, desigual, la evolución técnica de nuestras
sociedades mantiene una tendencia más o menos constante (y, quizá mi optimismo existencial me juegue una mala pasada, pero creo que con tendencia positiva: a pesar de todo hoy
estamos mejor que casi nunca). Eso sí, se dan hitos puntuales, a veces programados, en otras ocasiones azarosos e imprevisibles que implican un salto lunar en esta evolución. Situaciones
que nos inspiran, perturban, o colocan en circunstancias tan extremas que propulsan nuestro desarrollo.

La creatividad y, con ella, la innovación nacen siempre del estímulo, la necesidad y los límites desafiantes. Sin darle muchas vueltas y activando el modo abuelo Cebolleta, me viene a la cabeza la asombrosa influencia que un evento como la Expo 92 de Sevilla supuso en miles de niños y jóvenes de mi generación (seguramente no estaría escribiendo estas líneas sin haber disfrutado de aquel pase de temporada, gracias, papis). De una manera mucho más brutal, global e imprevista, la actual pandemia ha supuesto que “(…) los cambios que predijimos para dentro de 10 años han ocurrido en seis semanas”tal y como afirma Ben Hammersley, editor de Wired. El dichoso coronavirus, como si se tratase de un examen al que han adelantado la fecha, ha convertido a todo nuestro tejido industrial en una inmensa start-up, colocándonos en el centro de un huracán caótico, y a los emprendedores en equilibristas sin red obligados a transitar sin mirar atrás por la insegura línea de la transformación digital. No ha quedado otra que volverse digital. Los que lo venían siendo, lógicamente, han tomado ventaja o notado menos el impacto del coronameteorito.

2021, EL AÑO DE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL MEDITADA

Tendencia en 2019, imposición del destino en 2020, y, espero, parte activa de los planes estratégicos de las compañías andaluzas en 2021, la transformación digital no es ya un anexo a
los presupuestos o un proyecto suplementario, es un nuevo core para nuestros negocios. Los avances que la pandemia han traído no son invitados puntuales a nuestros despachos, llegan
con su extensa familia y se instalan en casa para siempre. De hecho, más nos vale entender que son ellos ya nuestra nueva realidad y que la tan ansiada recuperación (entendida en términos
de sostenibilidad a futuro -diez años- de las cuentas de resultado y no de doping financiero), solo vendrá de la mano de estos ceros y unos, phps, big datas, erps, crms, blockchains, apis,
chatbots, realidades aumentadas, machine learnings y otros que quizá muchos de vosotros no habíais escuchado anteriormente. No pasa nada. Es normal. Innovar es un verbo que siempre se
conjuga en presente.

Pero, eso sí, no podemos fallar. O no podemos fallar más allá de que el error, el ensayo, la prueba y el aprendizaje son parte intrínseca de cualquier proceso de transformación. Poneos en manos
de consultores de innovación, por supuesto, pero a sabiendas que el viaje es impredecible para todos, que las sensaciones serán parecidas a aquellas de cuando creasteis vuestras empresas y
que, como entonces, el destino es incierto pero apasionante y lleno de maravillosas paradas y oportunidades, inspiradores compañeros de viaje y, seguramente, nuevos clientes.